Ir al contenido principal

Reflexiones: ni kukas ni Libertontos, sólo Argentinos

 


A pocos días de las fiestas de fin de año, a más de uno nos agarra la nostalgia de repasar lo que dejó este 2025 y hacer el famoso balance anual. Cada historia es singular, única, irrepetible… pero todos, de una forma u otra, estuvimos atrapados en distintas tormentas: desde los quilombos del barrio hasta los quilombos —más grandes todavía— del mundo.

En medio de ese caos multidimensional, amplificado por redes, encuestas, noticieros y elecciones, hubo un tema que nos atravesó a todos: la grieta entre “Kukas” y “Libertontos”. De repente, el ciudadano común —ese que putea el tráfico o reniega porque Gallardo sigue en River— tuvo que definirse sí o sí para un bando o para el otro. Nos empujaron a elegir una camiseta como si fuera el superclásico de la moral.

Y ahí quedó el argentino de a pie: el que vende algo para llegar a fin de mes, el que está paleando bajo el sol, la que enseña la historia de nuestros próceres y también nuestras miserias… todos metidos en una pelea que no es nuestra, pero que igual nos forzaron a pelear.

¿Quién instala todo esto? No es difícil adivinarlo.

El poder político, con todos sus tentáculos: económico, mediático, judicial, coercitivo.

Los mal llamados “Kukas” tuvieron sus aciertos y sus enormes metidas de pata, con choreos que nadie puede negar.

¿Y la gestión actual? ¿Acaso no repite el mismo guion?

Los mal llamados “Libertontos”, por su parte, intentan construir destruyendo al peronismo, excusándose en la incapacidad ajena cada vez que algo no les sale.

La verdad —o al menos una parte incómoda de la verdad— es que uno depende del otro. Son la cara de la misma moneda. Para cada tribu, la otra es el enemigo absoluto. Y con esa lógica amigo-enemigo se sostienen, construyen poder y lo reparten entre unos pocos. Siempre los mismos pocos.

Antes de ponernos la camiseta del bando que nos toca más “cómodo”, y sabiendo que la mayoría no nos vamos a ir de este hermoso y caótico país, sería saludable mirarnos como lo que realmente somos: argentinos. Hermanos distintos, sí, a veces difíciles, pero hermanos al fin.

Que los que gobiernan gobiernen bien.

Que dejen de joder los que viven de sembrar odio y división.

Porque no es casual: es estrategia. Una que funciona mientras nosotros seguimos adormecidos en esta especie de pesadilla colectiva.

Así que, para estas fiestas…

Ni Kukas ni Libertontos.

Ya rompieron bastante las bol… todo el año.