Gustavo Sáenz volvió a encender la llama del drama político salteño, esta vez con un nuevo episodio titulado “El poncho que nunca llegó”. En plena negociación por el Presupuesto 2026 y mientras Javier Milei revoluciona todo, el gobernador parece más frustrado que alguien esperando el colectivo bajo la lluvia: “El poncho no aparece. No pedimos nada que no se hayan comprometido antes”, lanzó, con ese tono entre indignado y resignado que invita a llorar de risa.
Según Sáenz, las obras prometidas son fundamentales para la economía provincial, aunque a este ritmo, la inauguración será un evento histórico para sus tataranietos, que seguramente heredarán la cinta y el poncho desaparecido.
El gobernador asegura que sus pedidos no son caprichos, sino esenciales para la minería, la producción y la logística del norte. Traducción: sin plata ni obras, mostrar “el potencial del Norte” es tan imposible como encontrar al mítico poncho perdido en algún almacén de la historia.
Y no es un drama exclusivo de Salta: Catamarca, Tucumán, Misiones y Neuquén también se suman al club de los que esperan promesas incumplidas. Todos evalúan formar un bloque para exigir que Nación deje de jugar al escondite con sus recursos.
La gran estrategia del Norte Grande: reunión directa con Milei, para ver si esta vez logran que la plata y las obras aparezcan en el mapa… o si otra vez todo termina siendo un episodio de “promesas que vuelan y ponchos que desaparecen”.
