"El guardián del baldío"
Entre los restos del día y el rumor de las hojas, aparece él: un felino curtido por las esquinas del mundo. Su mirada no busca ternura, sino testimonio. En el polvo, la hierba y el hierro oxidado, se vuelve parte del paisaje, tan áspero como auténtico.
Su rostro, marcado por historias sin voz, refleja la dignidad silenciosa de lo salvaje. No hay pose ni artificio, solo presencia.
En sus ojos, un eco antiguo: el del instinto, la soledad y la supervivencia que también habita en nosotros.
Foto enviada por José R. vecino del B° Patricia Heitman
