Ir al contenido principal

Cuchillazo en familia: un año preso por apuñalar a la excuñada en un ataque sin motivo

 


Un ex-cuñado, adicto a las drogas según la víctima, perforó el omóplato de una joven y huyó como si nada tras dejarla tirada en un centro de salud. El agresor aceptó su culpa en un juicio abreviado del Plan de Oralidad y seguirá tras las rejas en la Unidad Carcelaria 1. Un episodio que volvió a encender el debate sobre violencia intrafamiliar, consumo problemático y la fragilidad de los entornos que no llegan a tiempo.

No fue un robo, ni un ajuste de cuentas: fue una puñalada en plena interna familiar.
Un hombre de 36 años terminó condenado a un año de prisión efectiva por ser el responsable de lesiones graves contra su excuñada, en un ataque que —según la víctima— no tuvo explicación, ni provocación, ni motivo alguno.

La sentencia llegó por la vía rápida del juicio abreviado, sellado en una audiencia flexible del Plan de Oralidad. La jueza Mónica Mukdsi no dudó: ordenó que el agresor siguiera detenido, y así fue. Hoy continúa alojado en la Unidad Carcelaria 1, bajo llave y sin chances de mirar el sol desde la vereda.

El horror se desató el 8 de abril de este año, cuando el 911 encendió la sirena interna de la Subcomisaría Villa El Sol: en el Centro de Salud 7 había ingresado una joven herida de gravedad. Un arma blanca había hecho diana en su espalda, más precisamente en el omóplato izquierdo, dejando un tajo profundo digno de película de terror… pero sin ficción de por medio.

La médica que la atendió contó que la víctima llegó en moto, traída por el propio condenado, que la dejó en la guardia y se tomó el palo sin decir palabra.
Antes de desvanecerse por el dolor, la joven alcanzó a declarar: “Fue mi excuñado, me atacó de la nada”. Además, tiró otra bomba: lo señaló como adicto a las drogas, asegurando que su problema con las sustancias prohibidas era de larga data.

Primero la hirió, después la abandonó, y finalmente aceptó su culpa.
La justicia le bajó el martillo, pero el caso dejó una sensación amarga: la violencia doméstica sigue sangrando en silencio, y muchas veces estalla donde menos se espera.