El presidente del Mercado Cofruthos, Juan Russo, tiró la posta sin vueltas: las ventas de frutas y verduras se desplomaron entre 30 y 40% en los últimos meses, comparado con la época “antes de los libertarios”, como quien habla de otra era geológica.
Según Russo, la cosa está dura para todos. “Todo ciudadano lo está pasando mal”, dijo, y no hace falta ser economista para confirmarlo: basta con mirar una bolsa de tomates y el vuelto del billete de dos mil.
Los puesteros, que de crisis saben más que cualquier ministro, se las rebuscan con promociones y descuentos. Los viernes y sábados tiran precios bajos para tentar al vecino, justo cuando llegan los productos frescos del campo. Un intento heroico por mantener vivas las ventas mientras el consumo sigue más flaco que una acelga sin agua.
Entre cajones, regateos y ofertas de “llevate dos y te regalo la lechuga”, los comerciantes de Cofruthos siguen en pie, haciendo malabares para no cerrar. Porque si hay algo que no falta en los mercados, además de color, es ingenio.
